¿Qué comer para combatir la Ansiedad?

La alimentación y los hábitos saludables son cruciales para mejorar la gestión de la Ansiedad. Mente y cuerpo están unidos y se retroalimentan tanto en negativo como en positivo. Por tanto, si sufrimos Ansiedad necesitamos entender que no toda es provocada por nuestra “mente”, así como mejorar tampoco dependerá solo de nuestro “esfuerzo mental”. Nuestro cuerpo y los cuidados que le otorgamos tiene mucho que ver con el desarrollo de la Ansiedad y de ahí la importancia de mejorar dos elementos claves para nuestro bienestar: LA ALIMENTACIÓN y LOS HÁBITOS.

En artículos anteriores os hemos ido hablando del Intestino, nuestro segundo cerebro para poder entender la importancia que tiene esta parte del cuerpo en nuestra regulación emocional. Y también, os hablamos de la Ansiedad por comer como síntoma recurrente cuando tenemos dificultades para regularnos emocionalmente.

Pero ¿cómo necesitamos alimentarnos si sufrimos Ansiedad? Quédate 5 minutos con nosotras para descubrir qué tipo de alimentación debemos llevar a cabo para ayudarnos a gestionar la Ansiedad y mejorar nuestro estado anímico.

 

MENTE Y CUERPO ESTAN UNIDOS

Si sufrimos Ansiedad necesitamos entender que no toda es provocada por nuestra “mente”, así como mejorar tampoco dependerá solo de nuestro “esfuerzo mental”.

La Ansiedad por comer

Antes de todo, vamos a hablar de la Ansiedad por comer , pues aprender a gestionarla es clave para llevar a cabo una alimentación que nos ayude a gestionar la Ansiedad.

Cuando hablamos de Ansiedad por comer nos referimos a aquella hambre “emocional”, es decir, esa “ansia” por comer un alimento en especial o por “satisfacernos” con la comida, pero que en el fondo no es un hambre real. Por tanto, cuando la sentimos es altamente probable que recurramos a un tipo específico de alimento que suele contener un alto contenido en carbohidratos y azúcares.

Esta necesidad por comer suele aparecer de forma impulsiva e incontrolada y la persona se siente “incapaz” de sostener, modificar o gestionar. Es decir, La persona siente que necesita comer, aunque realmente no tenga hambre, para poder satisfacer “algo” que le está perturbando. Y ese “algo” se traduce en un conflicto emocional que no está resolviendo de forma adecuada, por tanto, la persona come para saciar unas necesidades emocionales y no físicas.

Por ejemplo: al finalizar el día la persona siente que ha tenido “un día horrible en el trabajo” y que esto lleva mucho tiempo así “sin poder hacer nada para mejorarlo”. La forma de “aliviarse o compensarse” puede ser dándose una “buena comilona” que le gratificará durante esa escasa hora. No obstante, al acabar de comer no solo el problema real no se habrá solucionado, sino además le añadiremos
“los efectos secundarios” de esta alimentación a nuestro cuerpo y el consecuente “bajón emocional” que será más profundo que con el que iniciamos la “comilona”.

 

ANSIEDAD POR COMER

Aquella hambre “emocional”, es decir, esa “ansia” por comer un alimento en especial o por “satisfacernos” con la comida, pero que en el fondo no es un hambre real.

Alimentación que debemos limitar si padecemos Ansiedad

Antes de continuar es importante comprender que todos los alimentos se pueden consumir en cantidades adecuadas y lo mejor es hacer un estudio personal de cada individuo para saber qué restricciones necesitamos llevar a cabo. No obstante, a continuación, detallamos aquellos alimentos que necesitamos restringir “en general” para evitar retroalimentar nuestra ansiedad:

  • Grasas, vísceras y charcutería (embutidos, patés y foie-gras), leche condensada, lácteos enriquecidos con nata, quesos grasos, bollería rellena, productos de pastelería, etc. El consumo excesivo de grasas puede favorecer la obesidad y elevar los niveles de colesterol, poniendo bajo un esfuerzo innecesario al sistema cardiovascular, lo que además puede intensificar alguna de las manifestaciones sintomatológicas de la ansiedad.

  • Estimulantes (café, té, refrescos con cafeína, extractos de guaraná, ginseng) y alcohol. Los estimulantes como los descritos llevan sustancias que estimulan el sistema nervioso y sobre-activan al organismo, lo que puede provocar ansiedad, nerviosismo e incrementar el insomnio.

  • Sales y azúcar. La sal disminuye las reservas de potasio de nuestro cuerpo, un mineral muy importante para el funcionamiento apropiado del sistema nervioso. El azúcar no contiene nutrientes esenciales, suministra una fuerte dosis de energía inmediata para el cuerpo, que a veces puede ser excesiva e innecesaria, por tanto, afecta directamente sobre nuestra sintomatología ansiosa.

  • Aditivos y otros productos artificiales. Existen muchos aditivos químicos utilizados en el procesamiento de comida industrial. No se conocen bien aún sus efectos sobre el organismo a largo plazo y, por tanto, lo mejor es reducir al máximo su ingesta.

 Tipo de Alimentación para combatir la Ansiedad

A continuación, detallamos la alimentación que puede ayudarte a mejorar la Ansiedad, pero debemos comprender que “solo alimentarse bien” no es suficiente. Es un elemento más para mejorar tu situación, pero no funciona de “forma aislada”. Por tanto, es importante incorporar a este tipo de alimentación un trabajo global que incluya: terapia, hábitos de movimiento, sueño, relaciones, suplementación, etc. (dependiendo de cada caso y/o situación).

 

Magnesio

El magnesio es un mineral necesario para la síntesis de serotonina y tiene propiedades relajantes, por lo que ayuda a mantener a raya el ritmo cardiovascular y a relajar los músculos. La deficiencia de magnesio provoca irritabilidad e insomnio.

  • Lo encuentras en verduras de hojas verdes como la acelga y la espinaca, en el plátano y en el chocolate negro (mínimo un 70% de cacao).

Proteínas de alto valor biológico

Necesitamos tomar alimentos ricos en proteínas como carnes magras, pescado, huevos, legumbres y frutos secos ya que al sufrir ansiedad y/o estrés tu cuerpo reclamará este macronutriente. Por otro lado, estos alimentos son a la vez ricos en triptófano.

  • Este aminoácido esencial es clave para mantener “los nervios a raya”, porque contribuye a aumentar la síntesis de serotonina, un neurotransmisor implicado en los estados de ánimo (su déficit suele ir vinculado a la ansiedad y la depresión).

Ácidos grasos omega 3

Además de las proteínas no debemos olvidarnos de la omega 3 ya que su carencia provoca nerviosismo, falta de concentración y debilidad en nuestro sistema inmunológico.

  • Encontraremos Omega 3 en semillas de chía y lino, pescados azules pequeños, marisco y nueces.

Vitaminas grupo B

Según la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard (EE.UU.), los alimentos con alto contenido en vitaminas del grupo B como el aguacate, las almendras, los plátanos, los anacardos, los tomates o la calabaza, nos hacen sentirnos mejor, estimulando la liberación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina.

Antioxidantes

Diversas investigaciones han puesto de manifiesto que unos niveles altos de ansiedad están relacionados con unos bajos niveles de antioxidantes.

Por ello, para aliviar los síntomas de los trastornos de ansiedad, lo ideal es tomar alimentos ricos en estas moléculas.

  • Las encontrarás en frutas (manzanas, ciruelas y cerezas), las bayas (moras, fresas, arándanos y frambuesas), los frutos secos (nueces), las verduras (alcachofas, col rizada, espinacas, remolacha y brócoli) y especias como la cúrcuma o el jengibre.

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No todo está «en nuestra mente», también necesitamos cuidar de nuestro cuerpo para favorecer nuestro bienestar emocional.

Cualquier desajuste emocional o malestar físico puede generarte un gran sufrimiento, llegando a sentirte perdid@ o con incapacidad de recuperar tu bienestar. Acudir a terapia te ayudará a entender y manejar tu dificultad con mayor facilidad. ¡Contáctanos!

 

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Acerca del Autor:

Mi nombres es Carolina soy Psicóloga y Coach. Gracias a mi experiencia y mi formación me he especializado en el Tratamiento para librar a las personas de la Ansiedad y ayudarles a recuperar la confianza en sí mismas en menos de 20 sesiones y a través de un MÉTODO PROPIO.

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