Culpa y Ansiedad

Culpa y Ansiedad

Culpa y Ansiedad siempre van de la mano porqué cuando el sentimiento de culpa es malsano caemos en una espiral de victimismo e indefensión que nos lleva a sufrir Ansiedad. Nuestra mente empieza a girar sobre lo sucedido acribillando la imagen que tenemos de nosotros mismos al mismo tiempo que concluimos nos ser capaces de enfrentar dicha situación.

Sentirnos culpables nos produce un gran malestar, pero también nos proporciona algo “positivo”: mientras me machaco con la culpabilidad no tengo porqué corregir o cambiar nada y por tanto puedo permanecer en mi zona de confort. Permanezco con angustia y dolor, pero también con la comodidad de no tener que enfrentar situaciones que me generan miedo, incertidumbre o, quizás, pereza. Así mientras me culpo sufro, pero también me evito hacer un cambio verdadero, porqué éstos son difíciles de hacer y requieren de un gran esfuerzo.

CULPABILIDAD

Sabías que...

Mientras me machaco con la culpabilidad no tengo porqué corregir o cambiar nada y por tanto puedo permanecer en mi zona de confort.

Cuando sufrimos Ansiedad enfrentamos nuestro presente condicionados por los aprendizajes y creencias irracionales que se generaron en nuestro pasado a través de nuestra crianza. Estas creencias irracionales son las que nos generan el sentimiento de culpa malsano:

Culpa por creer que lo debería hacer mejor. Pero ¿qué es hacerlo mejor y quién dictamina lo que es hacerlo “mejor”?

Culpa por no cumplir las expectativas de la familia como ellos creen o necesitan. Pero ¿y lo que necesito yo?

Culpa por no ser mejor madre/padre. Pero ¿qué es ser una buena madre/padre?

Culpa por no esforzarme lo suficiente. Pero ¿cómo saber si me estoy esforzado lo suficiente?

Culpa por haber hecho algo solo por agradar a los demás. Pero ¿y quién se preocupa entonces de agradarme a mi?

Culpa por haber tomado una decisión y haber tenido un mal resultado. Pero ¿cuándo tomé esa decisión tenía la misma información que tengo ahora?

Culpa por pensar que podría lograr más cosas. Pero ¿Y lo que ya logré hasta hoy?

Y así, un largo etcétera de posibles culpas que se enquistan en la mente y en el alma impidiéndonos valorar lo que sí logramos, lo que sí valemos, lo que sí hacemos bien, lo que sí sabemos que queremos, etc.

La culpa nubla la vista y no nos dejar ver ni actuar pues la Ansiedad se encarga de paralizarnos para evitar que actuemos y tengamos la mala suerte de “volverla a cagar”. Lo que el miedo y la Ansiedad no saben es que mientras nos protegen de las malas experiencias posibles nuestra autoestima cae en picado y dejamos de confiar en nosotros mismos y en nuestras posibilidades. La culpa tiene una gran función: Regodearnos en el dolor como castigo suficiente para evitarnos actuar y hacer algo diferente. Es su forma de paralizarnos con el ánimo de protegernos del sufrimiento. Es paradójico ¿verdad?, sufrimos con la culpa para no enfrentar un posible sufrimiento mayor, cuando a veces éste ni siquiera tiene lugar. Esto nos aboca en el victimismo, éste produce indefensión ante la situación y en consecuencia aparece la Ansiedad por no poder salir de esta situación.

LA FUNCIÓN DE LA CULPA

Sabías que...

La culpa tiene una gran función: Regodearnos en el dolor como castigo suficiente para evitarnos actuar y hacer algo diferente.

Mecanismos que mantienen la Culpa

Existen mecanismos mentales que mantienen y alimentan la culpa. Es primordial conocerlos para así poder hacerles frente:

La Emotofobia

La emotofobia (término acuñado por David D.Burns) es el miedo a las emociones negativas. Este miedo nos perjudica gravemente a la hora de enfrentar la culpa. No debemos esperar sentirnos “bien” ante ciertas circunstancias, tenemos que entender que el sentimiento de culpa es algo que todos sentimos en algún momento y, por tanto, del que no podemos huir. El objetivo no es “no sentirse culpable” sino “aceptar” ese sentimiento y gestionarlo a través de su comprensión: ¿por qué ha aparecido ese sentimiento y qué puedo hacer para sentirme mejor?

El pensamiento polarizado

Cuando vemos la situación en blanco o negro. Si apreciamos lo que nos sucede como malo o bueno, positivo o negativo se reduce considerablemente nuestra capacidad para generar opciones y nuevas posibilidades. El pensamiento polarizado forma parte de la rigidez mental y del perfeccionismo. Si aprendemos a flexibilizar nuestra mente, a esforzarnos por “ver las cosas de otra manera” nos estaremos ayudando a enfrentar la culpa cuando las “cosas no se hacen como deberían”.

El diálogo interior

Nuestro diálogo interior puede ser nuestro gran amigo o enemigo. Hablarnos con consideración, paciencia y amor nos evita más de un sufrimiento. Al utilizar el reproche contra nosotros mismos mermamos nuestra autoestima y lo único que conseguimos es un mayor sufrimiento. Cuando te sientas culpable, ¡huye de machacarte! Pregúntate porqué te sientes así y cómo podrías sentirte mejor. Intenta ser funcional y pragmático en vez de emocional e injusto contigo mismo.

 

¿Cómo gestionar la Culpa?

Al sentir culpa se enciende en nosotros una alerta que nos indica que hemos transgredido una “norma” ya sea social, cultural, familiar o propia. Por tanto, como toda alerta provocada por nuestra mente necesitamos atenderla, no huir de ella. Parar a reflexionar sobre porqué se ha encendido dicho mecanismo nos dará la oportunidad de entendernos mejor, de saber qué es importante para nosotros y de cuáles son nuestros propios límites.

Al realizar este análisis constructivo nos damos la oportunidad de actuar para mejorar o compensar la circunstancia vivida huyendo de los reproches hacia uno mismo que lo único que promueven es nuestra infravaloración y el sentirnos peor. De esta manera, podemos ofrecer una solución para afrontar la situación que nos ha provocado el sentimiento de culpabilidad sin salir dañados emocionalmente.

Aprender a gestionar la culpa de una forma saludable implica entender que hemos podido cometer un error o haber tenido una conducta no deseable para nosotros mismos o para los demás. Asumir que esto es posible y que tenemos la capacidad para mejorarlo es primordial para nuestro equilibrio emocional y nuestra autoestima.

GESTIONAR LA CULPA

Sabías que...

Aprender a gestionar la culpa de una forma saludable implica entender que hemos podido cometer un error o haber tenido una conducta no deseable para nosotros mismos o para los demás.

Por tanto, si te sientes culpable aquí tienes 5 pasos para aprender a gestionarlo:

  • SÉ CONSCIENTE: Date un respiro para reflexionar sobre qué te está provocando esta emoción. Date cuenta.

  • EVALÚA DE FORMA OBJETIVA: Evalúa si dicho sentimiento está provocado por algún error que hayas cometido o por algo que “te han dicho que deberías hacer de esta manera”.

  • HAZ UN PLAN DE MEJORA: Si es el primer caso, elabora un plan de mejora. Decide qué puedes hacer para compensar tu error y asume que es parte de tu crecimiento como persona el cometer errores y aprender de ellos.

  • SÉ FIRME: Si es el segundo caso, reflexiona sobre dónde aprendiste a pensar así y decide si quieres mantener ese pensamiento contigo o no. Para no mantenerlo, deberás permanecer firme sin reproches aguantando el sentimiento de culpa.

  • CONFÍA: Confía en que, si no cedes al sentimiento de culpa, poco a poco irá desapareciendo y te irás sintiendo mejor.

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