Cuando la Familia Ahoga

Familia

“Todas las familias felices son parecidas; cada familia infeliz es infeliz a su manera.” ― Leo Tolstoy, Anna Karenina

Después de años de profesión en consulta siempre acabamos relacionando gran parte de los problemas de nuestros pacientes con conflictos familiares pasados o presentes. Y es que el núcleo familiar que nos rodea desde que nacemos hasta que morimos es a veces tan cerrado y rígido que no nos permite respirar, causando en muchas ocasiones un gran malestar, no permitiendo nuestra individualización y repitiendo patrones de comportamientos dañinos de generación en generación.

En numerosas ocasiones podemos pensar que el problema está en nosotros, nos sentimos deprimidos, tenemos problemas para controlar nuestras emociones, podemos padecer algún trastorno alimentario, etc. Pero de la misma manera que no habitamos este mundo en absoluta soledad, nuestro trastorno o problema tampoco es exclusivamente nuestro. El Entorno y las Personas que en él habitan también influyen en nosotros, es por ello que es imprescindible analizar cómo nos relacionamos y comunicamos con los demás así como ellos lo hacen con nosotros.

Una manera de combatir los Conflictos Familiares es a través de La Terapia Familiar. La Terapia Familiar no solo está indicada para corregir deficiencias en el sistema o resolver conflictos entre sus miembros, la Terapia Familiar nos permite además transformar la estructura del grupo familiar, modificando consecuentemente las posiciones de sus miembros en el grupo. Como resultado de ello, se modifican las experiencias de cada individuo y en consecuencia la manera en que te relacionas con ellos y por ende, con las demás personas que te rodean.

Los Tres Axiomas de la Terapia Familiar

La Terapia Familiar se basa en tres axiomas básicos:

  1. En primer lugar, la vida psíquica de un individuo no es exclusivamente un proceso interno.
  2. En segundo lugar, las modificaciones en una estructura familiar contribuyen a la producción de cambios en la conducta y los procesos psíquicos internos de los miembros de ese sistema.
  3. Y en tercer lugar, cuando un terapeuta trabaja con un paciente o con la familia de un paciente, su conducta se incluye en ese contexto.

Por tanto, una Terapia Estructural de Familia intentará cambiar al Paciente Identificado conjuntamente con su entorno familiar. El Terapeuta se asocia con la familia con el objetivo de cambiar la organización de la misma de tal modo que la experiencia de sus miembros también se modifique y de ahí surjan nuevos comportamientos y nuevas maneras de relacionarse.

El Mito del Paciente Identificado

El ser humano tiene tendencia a etiquetar las cosas, a poner un nombre o un adjetivo, a agrupar y en muchas ocasiones a buscar un “culpable” del problema.

Esto sucede en cualquier ámbito de nuestra vida y existen varios motivos para ello. El primer motivo es que nuestro cerebro tiene sus limitaciones, y por ello necesita “agrupar” o “comprimir” la información para que así le sea más fácil procesarla. Como podemos deducir, a priori, esto es algo positivo puesto que nos hace más eficientes. No obstante, puede tener sus limitaciones, puesto que nos perdemos matices y tenemos tendencia a generalizar de tal manera que podemos equivocarnos a la hora de “etiquetar” a una persona o una situación.

El segundo motivo, es que padecemos de un egoísmo inconsciente y por ello nos cuesta reconocer nuestra responsabilidad o participación en la problemática, es decir, es más fácil que el problema sea causado por otro que no por uno mismo.

En Terapia Familiar al culpable lo llamamos el Paciente Identificado. Este miembro de la familia es normalmente aquél que padece el síntoma (problemas de agresividad, depresión, trastorno alimenticio, ansiedad, etc..) y le llamamos “Identificado” porqué es el que la propia familia identifica como El Problema o parte del Problema. En este caso nuestra función es desmitificar a este Paciente Identificado y trasladar la problemática a los patrones de comportamiento y comunicación que se dan entre todos los miembros de la familia, de esta manera todos quedan implicados en la solución de aquello que les impide ser felices.

Esta situación es incluso más fácil de vislumbrar en problemáticas infantiles, en ellas, el niño “con problemas” normalmente responde a las tensiones que afectan a la familia y no a una problemática exclusivamente individual. De tal manera que cuando se llevan a cabo técnicas que mueven y reestructuran el sistema familiar, los síntomas del niño desaparecen o tienden a modificarse.

Saber hablar, saber callar, saber escuchar

Uno de los factores que más influyen en los conflictos familiares es la manera en que nos comunicamos. En muchas ocasiones estamos convencidos del mensaje que enviamos a nuestro interlocutor pero lo que no podemos saber con certeza es qué parte de este mensaje ha recibido y si lo ha interpretado como nosotros pensamos, puesto que normalmente olvidamos un factor sumamente importante, la Comunicación no Verbal o Analógica. Esto quiere decir, todos los gestos, el tono de voz, nuestra posición, la recurrencia del mensaje y todos aquellos factores que no son exclusivamente verbales.

De hecho, Albert Mehrabian, uno de los mas famosos expertos en lenguaje corporal, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, ha comprobado a lo largo de treinta años de experimentos y observación, que en una conversación cara a cara entre dos personas, únicamente el 7 por ciento es verdadera comunicación oral, es decir, emitida con palabras y con emisión de voz.

¿Y el 83% restante de la comunicación? Ese altísimo porcentaje proviene de dos ámbitos: un 38% es el tono que le ponemos a lo que decimos, la intención que se nos escucha cuando hablamos, y el 55% –el porcentaje más alto—es kinésico, es decir, comunicación relativa al movimiento y proyección de nuestro cuerpo.

Por tanto, uno de los factores más importantes a analizar y trabajar dentro de la Terapia Familiar es la comunicación o la ausencia de la misma entre los miembros de la familia (recordemos que es imposible no comunicar, véase Teoría de la Comunicación Humana de Paul Watzlawick.

Entre lo que pienso, Lo que quiero decir, Lo que creo decir, Lo que digo, Lo que quieres oír, Lo que oyes, Lo que crees entender, Lo que quieres entender, Lo que entiendes, Existen nueve posibilidades de no entenderse….

Aplicaciones de la Terapia Familiar

Indicamos iniciar un proceso de Terapia Familiar ante:

  1. Dificultades de comunicación
  2. Proceso de separación de los padres
  3. Dificultades de relación con los hijos
  4. Violencia intrafamiliar (conyugal, violencia filio-parental…)
  5. Duelos o pérdidas
  6. Trastornos de Conducta Alimentaria
  7. Consumo de drogas por parte de algún miembro de la família
  8. Familias Reconstituidas donde hay conflictos entre hijos y la nueva pareja del progenitor
  9. Adicciones
  10. Dificultad en la Educación de niños o adolescentes
  11. Post-Adopción / Acogimientos.

¡Si te ha gustado esta recomendación déjame tu comentario!