Alienación Parental

Alienación Parental. Cambian los tiempos, evoluciona la vida y con ella también las enfermedades mentales. Aparecen nuevos síndromes, nueva sintomatología, nuevas relaciones insanas que nos desestabilizan pero sigue siendo en el seno familiar donde se cultivan las peores pesadillas.

Enseñaras a volar, pero no volarán tu vuelo.”Enseñaras a soñar, pero no soñaran tu sueño; Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vuelo, en cada sueño y en cada vida quedará para siempre la huella del camino enseñado” – Teresa de Calculta.

 

En este artículo hablaremos de la Alienación Parental. Síndrome o Práctica, su etiqueta no es tan importante como la preocupación que genera el incremento de las mismas en juzgados y consultas médicas. Con el crecimiento del divorcio, las disputas conyugales se han trasladado más allá de las fronteras de la pareja para ir a parar a los más vulnerables, los posibles aliados en una disputa de dos: nuestros hijos.

¿Qué es la Alienación Parental?

La Alienación Parental empezó a catalogarse a través de la definición del doctor Richard Gardner quien definió el Síndrome de Alienación Parental.

El Síndrome de Alienación Parental definido por Gardner (1985, 1987, 1992) es una alteración en la que los hijos desprecian, censuran, critican y rechazan a uno de sus progenitores, en una valoración negativa injustificada y/o exagerada. El autor incluye en el SAP las conductas manipuladoras por parte de uno de los progenitores, consistentes en procedimientos que, de manera consciente y sistemática, logran el “lavado de cerebro” del hijo, quedando programados para la descalificación del otro (Gardner, 1992). Así, queda establecida la dicotomía progenitor alienante y progenitor alienado.

Por tanto, el término mismo, Síndrome de Alienación Parental, se refiere a los síntomas que presenta un hijo cuando denigra y rechaza sin justificación verdadera a uno de los padres después de la separación.

Esta definición del SAP tiende a describir la situación en términos de responsabilidad única de uno de sus miembros que se corresponde al progenitor alienante. De esta manera queda diluida la responsabilidad de todos los miembros del núcleo familiar en relación a la disfuncionalidad creada. Asimismo, la visión dicotómica de la dinámica (el progenitor alienado es visto como bueno y el alienante como malo) no responden a la compleja trama que se teje en cada caso.

Según el trabajo de Kelly y Johnston (2001), se considera que los progenitores rechazados también contribuyen a generar y mantener la situación de rechazo. Si un hijo pequeño, dependiente y vulnerable rechaza cualquier contacto con uno de sus progenitores es porque intuye que no puede confiar en él, y eso, contra lo que pueda pensarse, no es fruto exclusivo de la manipulación por parte del otro. Los hijos pueden ser engañados, pero no hasta ese punto. Lo que suele ocurrir es que perciben la rabia del progenitor “custodio”, temen que los abandone si se siente traicionado, y no captan en el “no custodio” la suficiente solvencia como para constituir una alternativa válida. El círculo vicioso se refuerza fácilmente con torpes actuaciones del “no custodio”, que desaprovecha las ocasiones de ganarse la confianza de los hijos dedicando el precioso tiempo de las visitas a tratar de imponer su autoridad o a criticar al “custodio”.

En nuestra opinión, esta nueva visión sobre el entramado de las relaciones familiares, en el caso de la Alienación Parental, abre el debate hacia una revisión muy acertada de su definición, llevada a cabo por el doctor Juan Luis Linares como Prácticas Alienadoras Familiares (PAF), pudiendo así hacer un abordaje más focalizado en las dinámicas disfuncionales que se conjugan en el seno familiar.

Consecuencias de la Alienación Parental

Cuando los hijos son alienados, llegan a creer que sus necesidades no son importantes, que no valen más que los deseos del padre alienador. Visto éste como el progenitor vulnerable los hijos focalizan sus esfuerzos y toda su atención en quererlos proteger y defender ante el que consideran el enemigo de aquel, el progenitor alienado.

En estas dinámicas y creencias los hijos sufren un tremendo conflicto de lealtades creyendo en todo momento que un paso en falso a favor del progenitor alienado le puede suponer la pérdida de amor del progenitor actualmente más próximo. Esta angustia y dolor se pueden llegar a manifestar de muchas maneras pero en la mayoría de casos lo harán a través de trastornos neuróticos (en los casos más leves) o en trastornos psicóticos (en los casos más graves).

Los hijos se encuentran así atrapados en un triangulo fatídico donde deben decidir sobre el posicionamiento que quieren ocupar en el mismo. A favor de uno u otro progenitor saben que perderán el afecto y apoyo del otro. La indecisión, el conflicto, el exceso de responsabilidad, la instigación, el chantaje emocional y otros factores serán el caldo de cultivo con el que deberán aprender a convivir y crecer si ninguno de sus progenitores hace nada para cambiar esta situación y dejar su orgullo de lado a favor del bienestar de sus hijos.

  • Si eres padre o madre, estás pasando por un proceso de separación y tienes hijos asegúrate que la separación se hace de mutuo acuerdo y sin conflictos. Si la estás viviendo de forma conflictiva es altamente probable que tus hijos también y estén pagando las consecuencias. No busques culpables, busca soluciones y un buen mediador o psicólogo para que os ayude en este trance.
  • Si en este mismo proceso ves que tu hijo ha empezado a sufrir ataques de ansiedad o conductas “extrañas”. Ayúdale y ayúdate, reconociendo que la separación está teniendo algún efecto en tu hijo y necesitáis acompañamiento para digerir lo sucedido.
  • Si eres hijo y te sientes mal con las discusiones de tus padres, no lo dudes háblalo con tus padres y pídeles ayuda o pídela fuera si ves que la primera opción no es factible. No estás solo, hay personas que pueden ayudarte a superarlo.

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