Síndrome Superwoman

El que haya visto alguna vez a una mujer haciendo limpieza general, comprenderá por qué los huracanes llevan nombre de mujer – Anónimo.

El Síndrome Superwoman es el nuevo mal de las mujeres de fin de siglo. La búsqueda de la perfección y de protagonismo en el trabajo y el hogar son, entre otras, las causas principales de la aparición en los países desarrollados de este trastorno que causa síntomas físicos como dolor, insomnio o jaquecas, y eleva considerablemente el estrés diario.

¿En qué consiste el Síndrome de Superwoman?

El Síndrome de Superwoman puede aparecer cuando la mujer se exige hacer a la perfección todas sus actividades diarias, tanto las que pueden estar relacionadas con su género debido a nuestros patrones culturales (el cuidado de los hijos y del hogar), como aquellas exigencias impuestas por la sociedad o por ella misma (patrones de belleza y expectativas profesionales).

Una mujer con Síndrome Superwoman siempre está dispuesta, se exige cada vez más, duerme menos de seis horas e intenta cubrir a la perfección las expectativas propias y de los demás, cubriendo las necesidades de todos y pocas veces las suyas.

Esta idea de Superwoman nació a finales del siglo pasado, cuando se empezó a observar que la mujer, a la par que el hombre, estudiaba y se preparaba para ocupar puestos similares a los que ocupan los hombres. No obstante, en la mayoría de ocasiones sin delegar en ningún momento las tareas del hogar y del cuidado de los hijos que ya venía desempeñando.

Está claro que este Síndrome de Superwoman se ve reforzado por una serie de consecuencias positivas como una posible alta autoestima, saborear el éxito, autoapoyo, seguridad, confianza, reconocimiento y admiración. No obstante, el sacrificio o el precio a pagar puede ser excesivamente caro…

¿Qué síntomas pueden aparecer?

De entre los síntomas negativos de este Síndrome están los fisiológicos como problemas gastrointestinales, dolores musculares, trastornos alimenticios, hipertensión e insomnio. Y los psicológicos y emocionales como la depresión, ataques de ansiedad, insatisfacción, frustración, enojo, fatiga crónica, pérdida del deseo sexual y la fibromialgia, que como sabemos es más una enfermedad de mujeres (90%) y sobre todo las que se exigen demasiado y manejan un alto nivel de estrés.

Nada es suficiente

Las mujeres propensas a padecer el Síndrome Superwoman se capacitan para desarrollar con eficacia su puesto de trabajo y lo llevan a cabo de forma extraordinaria, pero sin dejar de ser mujer y cumplir además con todas las responsabilidades que le fueron adjudicadas por el hecho de ser mujer, como atender el hogar y tenerlo en perfectas condiciones, cuidar de sus padres, atender a sus hijos, etc.

Y es que la mujer se ha incorporado rápidamente al mundo laboral en un intento de equiparación de las condiciones laborales de los hombres pero en cambio éstos se han ido introduciendo en el mundo “familiar” de forma lenta y a regañadientes en muchas ocasiones, lo que dificulta enormemente la asignación de tareas familiares y por tanto la repartición más equilibrada de funciones y responsabilidades entre hombres y mujeres.

Además, en la actualidad nos invade una autoexigencia de “nada es suficiente”, la cual nos dice “tú puedes dar más y nunca es suficiente”. Esto lo podemos ver perfectamente en la publicidad de las marcas de consumo, “siempre puedes tener más y ahora vives en la era de querer más”, lo cual no es negativo del todo porque motiva a seguir, pero no nos deja vivir ni gozar el presente porque pensamos “que más queremos ahora?”.

Hoy en día tenemos mucha insatisfacción y vivimos autoexigiéndonos para llegar ¿a dónde? El ritmo de vida acelerado que estamos viviendo las mujeres, madres o no, casadas o no, profesionales o no, es demasiado alto, sin saber muchas veces qué consecuencias nos podrá traer esto.

Te recomendamos que si en algún momento te has sentido identificada con alguna de estas descripciones o conoces a alguien que tenga estas características pruebes plantearte o plantearle alguna de las siguientes reflexiones:

  • ¿Qué gano con tener este síndrome?
  • ¿Qué pierdo si no lo tengo?
  • ¿A qué estoy renunciando por cumplir con tantas expectativas?
  • ¿Vale la pena el precio que estoy pagando?
  • ¿Qué es realmente imprescindible en mi vida?

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