Ocultando la Tristeza

Nadie conoce mis horribles pensamientos cuando estoy triste. Nadie me conoce realmente…

La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable (como la muerte de un ser querido o un gran desengaño). La tristeza provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales —especialmente las diversiones y los placeres— y, cuanto más se profundiza y se acerca a la depresión, más se enlentece el metabolismo corporal. Este encierro introspectivo nos brinda así́ la oportunidad de llorar una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la energía retorna, un nuevo comienzo.

Por tanto, la tristeza tiene una función adaptativa ante ciertas circunstancias. Podríamos decir que ante un “hecho desencadenante” y valorado de forma “negativa” por la persona que lo sufre, ésta responde con un estado de ánimo triste que le permite adaptarse y reponerse de dicha situación. Pero, ¿cuándo la tristeza se convierte en una emoción desadaptativa y en consecuencia en una posible depresión?

Una de las causas de la depresión se genera en nuestra manera de observar el mundo. Cuando en nosotros se instaura de forma permanente la tristeza es porqué hemos aprendido a interpretar aquello cuánto nos acontece por su vertiente más negativa. Nuestros pensamientos empiezan a girar de forma constante e imparable alrededor de nuestras experiencias y entramos en una especie de espiral sin fin donde cada cosa que nos acontece genera una visión negativa y pesimista de la situación y de nosotros mismos.

Película Intensamente: Ella es Tristeza… (Esta película nos ofrece una visión divertida de cómo conocer nuestras emociones):

Cuando dichos pensamientos nos dominan, nuestro estado de ánimo decae y la tristeza nos invade y es en este momento donde empieza una increíble lucha. Puesto que la tristeza no es tan solo una emoción que nos parece desagradable, es también una emoción que deseamos ocultar al resto del mundo. No nos apetece hablar de ella, preferimos esconderla en lo más profundo de nuestro ser e intentamos disfrazar a nuestro propio espíritu de cualquier otra emoción más elogiada en nuestra sociedad, pudiendo incluso ser nuestra temida furia.

Los trastornos del estado de ánimo se encuentran entre los trastornos mentales más comunes y el riesgo de padecerlos va en aumento en todo el mundo. En concreto, la depresión es probablemente el trastorno mental más frecuente en la clínica actual. Se puede estimar que su prevalencia en la población general es del orden del 9 al 20%. Aunque no todas las personas con depresión buscan atención especializada, los pacientes depresivos constituyen la población psiquiátrica más usual.

El gran problema de la depresión es que ésta consiste en un círculo vicioso del cual cuesta mucho salir. Llega un momento en el que lo que deprime es estar deprimido, y todas las personas que han atravesado depresiones lo saben. A veces cuesta muchísimo hasta salir de la cama, y la sensación de punto muerto es tan persistente que los aplasta de forma insoportable.

Pero existen pequeños pasos que pueden ayudar a salir de esta situación. Ya sea con la ayuda de un profesional o con el propio esfuerzo por cambiar la manera de observar el mundo. ”.

• Para sanar una herida hay que dejar de tocarla. Una de las maneras de quedar anclado en un suceso que nos ha provocado una increíble tristeza es manteniendo nuestra presencia, nuestros pensamientos y nuestras conversaciones alrededor de dicho suceso. Es lógico y mentalmente sano poder hablar de aquello que nos ha pasado o aquello que nos preocupa pero cuando nuestras conversaciones y pensamientos se centran continuamente en ello nos puede generar una fijación que nos imposibilita pasar página e ir diluyendo la angustia provocada. Si este es el caso, si observamos que a lo largo del día nuestros pensamientos o acciones giran alrededor de la misma temática y esto mantiene nuestro estado de ánimo continuamente decaído es momento de imponernos disciplina y forzarnos a cambiar dichos pensamientos por otros ya sea en la búsqueda de otras distracciones (puesto que si cambiamos nuestra conducta esto también nos ayudará a cambiar nuestros pensamientos) o ya sea comentando con nuestro entorno la problemática para que cuando nuestros amigos, pareja o familiares estén con nosotros eviten hablar de la situación o la problemática y centren sus conversaciones en otras temáticas que nos faciliten salir de este anclaje.

• El exceso de pensamientos puede ser el inicio de una depresión. Uno de los síntomas que más angustian a las personas que padecen de depresión es la concurrencia de pensamientos normalmente negativos, catastróficos o culpabilizadores sobre la situación vivida o sobre la propia actitud tomada ante dicha situación. Muchas de las personas que padecen depresión se sienten increíblemente culpables y angustiadas por estar deprimidas y este constante reproche no solo dificulta la recuperación sino que a más mina poco a poco la autoestima de la persona y la confianza en su propia competencia para salir de este estado. Existen muchas técnicas que ayudan a desconectar nuestra mente y trabajar nuestra presencia, desde el yoga y la meditación hasta pequeñas herramientas basadas en la observación y la relajación. También puedes utilizar la “parada de pensamiento” donde te das una orden directa a ti mismo para dejar de pensar en ello. Esto te permite darte cuenta de la situación e intentar desviar tu foco de atención hacia alguna otra actividad que estés haciendo en aquel momento. También puedes escribir tus preocupaciones. Cuando pones por escrito aquello que te preocupa es una manera de descargar tu mente sabiendo que dicho pensamiento ya queda recogido en algún sitio y no tienes porqué “recordártelo a todo momento”.

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