La Belleza como Esclavitud

Una de las mayores creaciones de la posmodernidad fue el pret-a-porter, es decir el lujo al alcance de cualquiera, pero efímero y cambiante. Esto nos hizo adorar la belleza y aun más su ostentación, nos divierte el lujo y aun más lo superfluo, pero caemos en sus trampas insalubres, como la esclavitud de moda y las tendencias, las compras compulsivas o la búsqueda irracional de milagrosos cosméticos.

Vivimos en una sociedad donde nuestra imagen y nuestra estética acaban definiendo nuestra personalidad y esto siempre me provoca tristeza. No nos paramos a pensar que la belleza es un concepto relativo, depende de los ojos que la miren. Actualmente estamos sujetos a los cánones estéticos que dicta la publicidad y la moda y así, acabamos convertidos en figurines cortados por el mismo patrón. Los intentos de promover un modelo de belleza más sano no tienen mucho éxito, por lo que cada vez más gente depende de su imagen para triunfar, para conseguir un empleo o, aún peor, para gustarse a si mismo. Esto lleva a obsesiones y trastornos alimentarios tales como la anorexia, pero también a desequilibrios emocionales que pueden convertirse en una fobia, como el Síndrome del espejo.

Qué es el Síndrome del Espejo

El Síndrome del Espejo es un trastorno que consiste en la obsesión de la persona por encontrar defectos de su cuerpo cuando está frente a un espejo. Este trastorno es el resultado de una necesidad enfermiza de sentirse atractivo y es cada vez más común en esta sociedad, la cual focaliza su atención en la perfección física.

El Síndrome del Espejo se relaciona con otros trastornos como son la anorexia, que es un desorden alimenticio y psicológico a la vez, donde la persona inicia un régimen alimenticio para perder peso.

También se relaciona con la bulimia, que se caracteriza por episodios secretos de excesiva ingestión de alimentos, seguidos por métodos inapropiados para controlar el peso como el vómito autoinducido, el abuso de laxantes o diuréticos, así como la realización de ejercicios demasiado exigentes para el cuerpo.

Y por último también se relaciona con la vigorexia, la cual consiste en hacer ejercicio desmedido para mantenerse en forma.

Este síndrome se presenta debido a un desorden emocional que provoca que la persona se vea a sí misma de manera distorsionada ante el espejo y esta percepción los lleva a realizar ejercicios físicos constantes de manera obsesiva compulsiva sin importar las consecuencias.

Las personas que padecen este síndrome se obsesionan con sus defectos e incluso imaginan otros que no poseen y esto les puede llegar a ocasionar una depresión o algún otro tipo de problema mental y emocional, al grado de que pueden llegar a tener serias consecuencias en su interacción con la sociedad por temor a ser rechazados.

En la actualidad este Síndrome, derivado de las exigencias respecto a los cánones de belleza contemporáneos, hace mella tanto en hombres como en mujeres. No obstante, ellas siguen siendo las víctimas predilectas puesto que el ideal de belleza femenino imposibilita que cualquier mujer pueda estar satisfecha consigo misma.

Quizás estás leyendo este artículo y estás pensando “bueno esto es para personas con estas enfermedades”, quizás tienes razón, pero estas personas también empezaron con una pequeña fijación y poco a poco se fue transformando en una gran obsesión. Si no fue tu caso, enhorabuena, pero a veces necesitamos hacer una pequeña revisión interna y mirar si, aún no teniendo esta obsesión, somos totalmente libres para elegir que actitud tomar ante nuestro aspecto físico, quizás no tengamos ninguna obsesión pero ¿somos realmente felices en este aspecto de nuestra vida?

Cuántas de nosotras no hemos seguido una dieta, nos hemos exigido cumplir con todos nuestros objetivos profesionales, también cumplir con horas de gimnasio, tratamientos estéticos y demás calamidades pues no soportamos mirarnos al espejo y no encontrar allí a una diosa divina de los spots publicitarios? La realidad es que poco a poco hemos ido relacionando nuestro éxito profesional y personal con nuestra apariencia física de tal manera que, si no podemos aproximarnos a este canon de belleza no solo no tenemos derecho a estar satisfechas sino que la sensación de fracaso se apodera de nosotras impidiéndonos disfrutar de todo lo demás. A esta situación la podemos llamar por su verdadero nombre: ESCLAVITUD. Somos esclavos de aquello que nos gustaría ser pero que nunca podremos alcanzar y mientras tanto nos perdemos los placeres actuales y el disfrute de la vida en general.

  • Es normal que cuando te mires al espejo reconozcas todos tus defectos y, hasta cierto punto, también es normal intentar disimularlos y hacer todo lo posible para mejorar nuestra imagen, para mantenernos en forma y para estar más guapos. Pero cuando lo convertimos en una obsesión, recurriendo a continuos tratamientos estéticos o poniendo en peligro nuestra salud, es el momento de parar y vernos a nosotras mismos desde otro punto de vista.
  • Aprende de tu cuerpo, obsérvalo y acéptalo tal y como es teniendo en cuenta que, aún los defectos, existen múltiples zonas perfectas en tu cuerpo, por tanto, mírate al espejo, a poder ser totalmente desnud@ y reconoce aquello que sí es perfecto en ti, aquello con lo que sí estás satisfech@ y date mensajes positivos respecto a ello cada día para poder incrementar tu autoestima y tu reconocimiento.

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