Efecto Pinocho

Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito – Abraham Lincoln.

¿Recuerdas a Pinocho? La marioneta de madera que quería ser niño de verdad, tenía un problema. Cada vez que mentía le crecía la nariz, y una nueva investigación confirma que la nariz delata a las personas cuando mienten, no crece, pero sí cambia de temperatura. Esto es lo que han descubierto dos investigadores de la Universidad de Granada y lo han denominado el “efecto Pinocho”.

¿Por qué mentimos?

Una de las razones de la mentira puede ser querer salvaguardar ante los demás una determinada imagen que pensamos que tienen de nosotros. En este caso, la principal razón para mentir es la vergüenza o intentar evitar el deterioro de la reputación y de la imagen.

La capacidad de mentir tiene una estrecha relación con nuestra capacidad creativa y nuestra inteligencia, aún así mentir es un aprendizaje que se inicia desde muy pequeños. Todos recordamos la amenaza de nuestros padres con castigarnos si nos descubrían en una mentira, pero al mismo tiempo ellos se convertían en auténticos “maestros de la mentira”. Ellos y sus amenazas de castigo fueron los que nos enseñaron a fingir y atentar contra la verdad por temor a ser castigados ¿pura supervivencia?.

Todos tenemos anécdotas de la infancia que podríamos rememorar… Aún recuerdo la bronca monumental de mi madre cuando un día aburrida de atender al comercial de seguros de turno me dijo “dile al señor que mamá no está” y yo, muy diligente, fui y le dije “señor mi mamá dice que no está”. En este caso el señor se rió de buena gana, pero no tanto mi madre que me castigó toda una tarde a causa de la vergüenza que pasó. Claro que con 5 años no lograba entender el porqué de tan injusto castigo! Mis argumentos: “pero mamá me dijiste que nunca dijera mentiras”.

Primer aprendizaje: a veces sí tenemos que mentir, ¡aunque sea para ahorrarnos un injusto castigo!

Partamos de una idea esencial: las mentiras tienen relación directa con la autoestima. Mentimos cuando nuestro ego se ve amenazado o cuando, a toda costa, queremos sacar provecho de una situación o queremos evitar un castigo. En este contexto, no es difícil entender que la mentira es un mecanismo de defensa, un arma más para la supervivencia. No obstante, todo tiene un límite.

Por tanto, están quienes en este laberinto de espejos sienten culpa, remordimiento o, al menos, incomodidad. Así como están quienes no padecen ni el más mínimo estrés en el intento. Aunque cueste creerlo, hay muchas personas entrenadas para el engaño, sin siquiera sentir que están mintiendo. En mayor o menor escala, se convierten en fanáticos de sus capacidades mitómanas y se enorgullecen de hacer negocios o manipular al otro.

Tipos de Mentiras

Dependiendo de la intención de la mentira y de la persona que la lleva a cabo podemos detectar los siguientes tipos de mentiras:

La mentira blanca o mentira piadosa: Se lleva a cabo con la intención de ayudar al otro, de evitarle una caída emocional. Por ejemplo ante una enfermedad terminal hay quienes prefieren la verdad, pero otros necesitan con desesperación aferrarse a la esperanza y a una posible curación.

La mentira destructiva: Son aquellas al servicio de una venganza, de hacer el mal, de perjudicar a otros, de ultrajar un prestigio, falsificar los hechos, distorsionar la verdad.

El autoengaño: Es la manera que tenemos para seguir haciendo lo que nos hace daño, apelando a cualquier excusa que sirva para auto-mentirnos. De esta forma seguimos abusando del tabaco o de la comida, o de un vínculo adictivo que nos lesiona y daña.

Las mentiras dañinas: Hechas con afán de dañar, pueden verdaderamente lograrlo. Según las investigaciones psicológicas existe aproximadamente un 80% de personas que mienten y no se dan cuenta de las consecuencias que pueden ocasionar en los demás: desconfianza, dolor emocional, desvalorización, desasosiego. Estas personas están tan ensimismadas en ellas mismas que no se ocupan de mirar al semejante. Y hay un 20% que sí son conscientes de que mienten y disfrutan de hacerlo. Son estructuras que se complacen con el sufrimiento ajeno, disfrutan con desestabilizar emocionalmente a los demás, sin importarles si su conducta es ética o no.

La mentira compulsiva: Es un modo muy enfermo que se arraiga en la personalidad de quien miente y puede tomar formas extremas. Aquí se vive en un estado permanente de ansiedad, y cuanto más se miente, más deseo se tiene de seguir haciéndolo. Y esto, hasta llegar al punto de no poder diferenciar la realidad de la mentira, y terminar creyéndose su mentira. Esta enfermedad se llama megalomanía.

PELÍCULA DE REFERENCIA: Mentiroso Compulsivo – Jim Carrey 

¿Cómo detectamos las Mentiras?

Como hemos comentado al inicio, el Efecto Pinocho implica que cuando mentimos se liberan unas sustancias químicas que inflaman el tejido interno de la nariz, ésta se hincha un poco y sentimos la necesidad de rascárnosla. Ésa es una de las señales para identificar a alguien que está mintiendo. Hay otras señales evidentes como tragar más saliva, parpadear más o menos de lo habitual, apretar los labios (porque estás callando algo) o mojártelos porque se re resecan (tienes miedo a que te pillen). Los mentirosos también desvían la mirada, tartamudean, no terminan las frases y están atentos a los pies, porque cuanto más lejos está una parte del cuerpo de nuestro cerebro, más complicado nos resulta controlarla. Por ello, cuando mientes o cuando estás muy incómodo, mueves inconscientemente mucho más los pies.

Más detalles para detectar la mentira: http://es.wikihow.com/saber-si-alguien-miente

Para concluir podemos decir que el mentiroso alberga siempre miedo , fundado o no, a que la verdad se sepa. Además tiene miedo a ser menos que los demás, miedo a no conseguir un objetivo profesional, miedo a perder la confianza de los suyos, miedo a que no les quieran o aprecien, miedo a que no les respeten y miedo a perder o a no ganar algo.

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