Desconectar para Conectar

Cuando estás conectado a una fuente común con otra persona a través de la conversación, la meditación, jugando con tus hijos y todo este tipo de cosas, es cuando tu autoestima aumenta – Jack Canfield

 

¿Nos hemos convertido en adictos a la tecnología? ¿De verdad hemos convertido un avance tan significativo para la humanidad en una pérdida irrecuperable de las relaciones humanas?

Son muchos los profesionales en el ámbito educativo y psicológico que actualmente están investigando cómo el fenómeno de las nuevas tecnologías ha ido creciendo en paralelo al surgimiento de una nueva expresión de un viejo compañero: LA ADICCIÓN. Telefonía móvil, videojuegos, ordenador, Internet, chats, etc…conforman aparentemente el origen del problema.

Es cierto que este tipo de adicción, des del punto de vista de la gravedad, parece afectar en mayor grado a los más jóvenes: adolescentes que se niegan a salir de casa por querer jugar o chatear o que incluso abandonan el colegio ante la sensación de fracaso e impotencia de sus padres. En estos casos, la renuncia total a cualquier otro tipo de actividad es el principal factor de riesgo y un claro detonante que motiva a los padres a recurrir a profesionales.

No obstante, este artículo no pretende centrarse en este colectivo. Ya que, una vez llegados a estos límites, las opciones son limitadas: RECURRIR A UN PROFESIONAL.

Nosotros nos centraremos en lo que se podría ver como una situación “normalizada”: la conexión del mundo adulto con las nuevas tecnologías y , sobretodo, en cómo reconducir ciertas pautas de conducta que en la actualidad nos alejan del contacto humano y que de forma inconsciente están afectando a nuestra autoestima.

Según Jack Canfield, doctorado en psicología y conferenciante especialista en autoestima; la autoestima se compone principalmente de 2 cosas: sentirse digno de ser amado y sentirse capaz.

Nos centraremos en la parte “sentirse digno de ser amado”. Este sentimiento implica la capacidad de sentirse reconocido por los demás (sentirse valorado y amado). Y esta capacidad es algo que poco a poco podemos ir perdiendo si nuestro entorno próximo (padres, pareja, hijos, amigos…) tiene por costumbre dedicarle más tiempo a su teléfono móvil (u otro dispositivo) que a nosotros mismos.

Veamos el siguiente vídeo para ilustrar la situación:

 

¿Somos conscientes de lo que estamos perdiendo?

Siempre ha sido motivo de conflicto y preocupación cuando padres, madres o parejas no podían dedicar el tiempo suficiente a sus familiares por motivo de trabajo. Primero debido a horarios muy extensivos, luego a la inserción de la mujer en el mundo laboral y ¿Ahora? ¿Substituimos estos problemas llegando a casa pronto para estar físicamente juntos aunque emocionalmente ausentes? Esto con suerte, con mala suerte seguimos manteniendo los primeros y añadimos un problema más a la cesta.

Esta “adicción” a las nuevas tecnologías repercute en un doble sentido: la persona con “adicción” pierde la mayor fuente de alegría y bienestar que puede encontrar y que consiste en compartir nuestras emociones y experiencias con aquellos a quiénes más amamos. Y, por otro lado, puede provocar una falta de reconocimiento a tus seres queridos. Como bien ilustra este vídeo, las personas a nuestro alrededor se vuelven invisibles para nosotros y ellos sienten esta invisibilidad como una falta de valía en sí mismos que los convierte en personas incapaces de captar la atención de aquellos a quiénes más necesitas y quieren.

Mantener estas pautas de relación puede desarrollar, sobretodo en los más pequeños, una falta de autoestima y seguridad en sí mismos que a su vez se convierte en algo doloroso pues la persona afectada siente una gran incapacidad para poder obtener el reconocimiento y la atención de aquellos que les rodean (“me siento invisible”).

Estamos cerca de fechas señaladas para la familia, ¿vamos a intentar hacer menos fotos de todo aquello cuánto nos sucede y a disfrutar más del momento? Recuerda que no hay cámara que obtenga mejores PÍXELES que nuestra retina ni mayor RAM para retener todo lo que nos sucede en la vida como nuestra propia memoria.

  • Una de las primeras acciones que deberías tomar es averiguar hasta qué punto puedes tener una adicción al móvil. Realiza este TEST para averiguarlo.
  • Seguramente te sorprenda el resultado. La media española se sitúa en un 32% y muchas de las personas que hemos realizado el test ya estamos cerca del 40%. No es una situación grave pero empieza a ser preocupante.
  • Toma pequeñas medidas que te permitan desconectar del teléfono. Como por ejemplo, en el trabajo puedes ponerlo en silencio y darle la vuelta puesto que así privamos la conexión que nuestro cerebro hace con cada pequeña alarma o iluminación del aparato y las ganas o la “necesidad” que esto nos provoca para cogerlo.
  • Si llegas a casa, o estás con gente que realmente te importa y no existe ninguna urgencia o cuestión inminente (debemos saber discernir entre lo urgente y lo importante), deja el móvil en el bolso, la mochila, un cajón o donde sea durante al menos 1 hora (si realmente esto te genera ansiedad o inquietud comienza por menos tiempo). Durante ese lapsus de tiempo prométete esforzarte en escuchar y atender a tus seres queridos y decirles que en 1 hora deberás coger el teléfono pero que volverás a estar con ellos en 10 minutos (y cúmplelo). Realiza esta pauta progresivamente incrementando cada vez más el lapsus de tiempo sin coger el teléfono hasta que consigas sentirte bien con ello. El objetivo es poder ir pasando más rato sin estar con el teléfono y más con tus seres queridos: DESCONECTAR PARA CONECTAR.

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